Número 154

Encuesta
La energía es pura química y depende directamente del combustible ingerido, es decir, de los alimentos. Éstos, una vez consumidos, se descomponen y se convierten en glucosa en sangre que, al quemarse con el oxígeno, genera la vitalidad que pone en marcha el cuerpo y la mente.
La glucosa se emplea en todas las funciones del cuerpo humano, incluidas las del cerebro: su avidez de energía es tal que incluso durante el descanso consume al menos un 30 por ciento de la que hay disponible. Tanto el cerebro como el sistema nervioso son muy sensibles a las fluctuaciones de la glucosa en sangre. Así, una bajada puede provocar, además de una disminución de las reservas físicas, el agotamiento cerebral.

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